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    domingo, 24 de octubre de 2021

    "ELVIS SINGS THE WONDERFUL WORLD OF CHRISTMAS (1971)

    por Mahnuel Muñoz "Elvis Sings The Wonderful World Of Christmas (1971)
    La voz es una indiscreta ventana hacia el alma de un cantante y muestra sin pudor las flores y la basura. En Elvis es un hecho muy patente; al margen de la belleza de la voz, su canto nos hace partícipes del estado anímico del hombre y/o el artista. Un fan curtido es capaz de distinguir la dicha de Elvis al interpretar un tema triste y el dolor mientras canta una canción alegre: son leves matices, como la presión que ejerce en las notas altas y la manera en que las cubre, o el esmero con que redondea las notas bajas. Y por supuesto, su forma de emplear inflexiones, pausas, legattos y stacattos para sumergirnos en el historia. Por ello, es particularmente interesante -y algo triste- para mí acometer el análisis de "Elvis Presley Sings The Wonderful World Of Christmas"(1971), una obra que pretendía suceder al emblemático "Christmas Album" de 1957 y quedó reducido a un dulce navideño de corazón amargo, un producto estacional cuyo embalaje y arreglos ensoñadores no pudieron ocultar que su protagonista atravesaba días aciagos. La voz nos lo confesó todo. 1971fue un año de fuertes contrastes; comenzó con su nombramiento como uno de los Diez Jóvenes Destacados Del Año por parte de la Cámara Junior De Los Estados Unidos, un honor previamente concedido a figuras como Leonard Bernstein, Orson Welles o Howard Hughes. Llegaba a las tiendas el fenomenal elepé "Elvis Country", que fue bien recibido por la crítica y el público. Sin embargo, su primera temporada de conciertos en Las Vegas se vio enturbiada por la gripe, que restó intensidad en algunos recitales. Lejos de las tablas y las luces, Elvis parecia incapaz de enfocar sus energias hacia el arte, a causa quizá de unas serias dolencias oculares y el hecho de que su relación con Priscilla había derivado hacia una mutua indiferencia. Por ello, la grabación del album navideño-que se llevó a cabo tras una permanente insistencia del Coronel Parker-se vio contaminada por la desmotivación en Elvis que pronto se contagió entre los músicos. Se convocaron cuatro días de sesiones en marzo de 1971 pero finalmente solo trabajaron una noche, en la que Presley ignoró la agenda para grabar varios temas de género folk y un espiritual.
    Una nueva convocatoria a partir del 15 de mayo fue mucho más productiva, con un saldo final de treinta canciones en una semana, entre ellas, las que componen "The Wonderful World Of Christmas ". Pero el ambiente de trabajo estaba enrarecido, carente de la creatividad de antaño y dominado por la prisa, con un Elvis poco implicado y exhibiendo cambios de humor. La magia sólo regresaba cuando era capaz de conectar con la música que se ponía a su disposición, que habitualmente era material que apelaba a sus raíces culturales o a su momento personal.
    El disco nace, precisamente, con algo de dicha magia, una solemne y hermosa versión de "O Come, All Ye Faithful"(adaptación al inglés de "Adeste Fideles", un himno nacido en el siglo XVII, de incierto origen, atribuido a John Francis Wade ). El comienzo del tema, con Elvis, The Imperials y el piano de David Briggs es magnífico por su sencillez y elegancia; Presley contiene la voz para no distinguirse del coro ni romper la serena belleza del momento. Tras la primera vuelta, los golpes de la batería nos conducen a un súbito despliegue de la pieza, con la entrada de las cuerdas, el bajo, la percusión y voces femeninas, como auténticos ángeles. El coro masculino, incluido Elvis, mantienen su posición, la cúspide del tema se corona sin excesos y la pieza concluye majestuosa, pero abarcable. El siguiente corte, "The First Noel" es otro antiguo himno cuyo origen se halla en la Inglaterra del siglo XIX. Se escoge una instrumentación cálida y minimalista protagonizada por el órgano. Aquí Elvis intenta cantar con la pertinente delicadeza, pero de alguna forma el tono suena forzado y transmite una tensión, inadecuada a la historia, que se disimula cuando entra el coro. "On A Snowy Christmas Night " es una composición de Stan Gelberg, que ya escribió en 1965 "My Desert Serenade" para la banda sonora de "Harum Scarum". Destruye la atmósfera ancestral creada hasta el momento para sustituirla por una tramoya pop de escaso interés. El propio Elvis la despacha con una interpretación plana que bien podría pasar por mero ensayo de la letra con los músicos y el coro de fondo. La baja emisión de voz transmite sopor en lugar de ensueño y las bruscas subidas en el estribillo, lejos de emocionar, sobresaltan. Un claro ejemplo de la falta de trabajo en una pieza que por otro lado, falla tanto en forma como en fondo. El anticlímax continúa con "Winter Wonderland "(un viejo estandar de 1934 que tiene encanto en manos de Bing Crosby y Dean Martin pero que aquí no puede ser salvada a pesar de la jugosa coda bluesy) y el tema que da nombre al disco, una pieza ramplona a la que Elvis no quiere (o no puede) sacar el mínimo átomo de sabor. En "It Won't Seem Like Christmas (Without You)" se nos revela un Elvis completamente distinto, más cercano al artista honesto y contundente que nos enamora. El tema fue registrado el primer dia de sesiones; el cantante parece pues más concentrado e inspirado tras una magnífica grabación de "The Miracle Of The Rosary"-que habría sido una incorporación al álbum mucho más valiosa que cualquiera de las dos anteriores-y el tono angustiado que tiñe sus cuerdas vocales aporta el preciso toque de amargura a este lamento country de J.A. Balthrop con el que el Rey-quizás inconscientemente- nos introduce en una interesante saga de cuatro canciones dentro del disco que nos cuentan una historia que pudo ser un espléndido hilo conductor del álbum. "I'll Be Home On Christmas Day"es un blues del compositor Michael Jarrett (autor de otro hermoso lamento grabado por Elvis, "I'm Leavin")que parece retomar la historia de la anterior canción, cogiendo de la pechera a su desolado protagonista y poniéndole en el camino de vuelta a su hogar y los brazos de su amada. Elvis otorga a la narración un convincente tono de derrota, de borrachera vespertina-a modo de precuela de esa magnífica "Sunday Morning Coming Down" que consideró grabar en esta época y por desgracia nunca hizo-, sembrando la duda de si finalmente el personaje "tomó ese tren". Pero las dudas se disipan con "If I Get Home On Christmas Day", un esperanzado canto escrito por el compositor inglés Tony Macauley, que sitúa a su protagonista muy cerca ya de su hogar y su amor. Es una melodia luminosa y rica que Elvis canta e interpreta con diligencia. La siguiente canción, "Holly Leaves And Christmas Trees" es una composición bastante básica de Red West y Glen Spreen que sin embargo adquiere una mayor dimensión si la consideramos el desenlace de la historia en cuatro partes; un desenlace amargo, ya que, al llegar a casa, su amada no está presente. Resignado, el personaje se pierde en la noche en que todo el mundo es feliz, ajeno a su tragedia: "Las luces resplandecientes y el muérdago/ No significan nada cuando no estás aquí/ Mientras camino por esta calle solitaria/ Con el sonido de la nieve bajo mis pies/ Pensaré en cómo solían ser/ Las hojas de acebo y los árboles de Navidad, Solían significar mucho para mí"... Devastador. Aquí Elvis está haciendo mucho más que cantar canciones de temática navideña. Nos está llevando de la mano a conocer el panteón de sus ilusiones rotas. Un enfoque que, si no lo has contemplado previamente, puede cambiar tu percepción del disco. Y entonces suena el inconfundible riff de guitarra de "Merry Christmas Baby" para sacarte de golpe de la melancolía. Y otra vez tenemos a un Elvis conocido y nuevo al mismo tiempo, que parece sacado del Comeback Special o de una realidad alternativa sin parásitos ni pastillas, sin más coronel que sus tripas, sin más contratos que sus latidos. Este viejo tema de 1947 compuesto por Johnny Moore y Lou Baxter se realizó casi al final de las primeras sesiones de grabación del disco. Dejadme soñar- al margen de las toneladas de datos que existen-con que fue una jam session para relajarse, como en Sun Records en 1954; la pieza rezuma la esencia audaz y fresca de aquellos primeros días sin calendario ni más expectativas que las del simple viaje por las notas y el puro disfrute del abismo al que te lanza una buena melodía al alimón con tus amigos y compañeros de fatigas. Elvis aquí es música pura, no deja intervenir a ninguno de sus fantasmas en la interpretacion, su voz es una apisonadora sin los quejumbrosos vibratos y los agudos dolientes que adornan muchas de las canciones del disco. Es uno de sus blues más emotivos y valiosos, por el tiempo y la forma en que surge. Repito que se grabó el primer dia de las sesiones del album, y el hecho de que, tras escucharlo, nadie se diera cuenta de que esta, y sólo esta, era la línea a seguir para un nuevo y sugerente disco de Elvis Presley es la prueba definitiva de que estaba rodeado de incompetentes sin talento que no podían sacarle de su confusión, como sí lo hizo Sam Philips el dia que "That's All Right" salió de un receso en el estudio. Tras algo así, supongo que no me reprocharéis que no tenga nada que decir del tibio cierre del álbum, "Silver Bells". La discografia de Elvis en 1971 posterior a "Elvis Country" es desconcertante: recopilaciones de gospel, viejos éxitos y temas menores de películas, así como un disco de descartes de las sesiones de 1970 que enfriaron el interés del público y hundieron en las listas al cantante. "The Wonderful World Of Christmas " podría haber sido un reencuentro con la calidad partiendo de la tradición, pero da la impresión de que fue la venganza del Coronel Parker por no haber podido hacer prevalecer su idea inicial del Comeback Special de 1968 como un show navideño blando y aséptico. Es un album mitad irrelevante, mitad emocionante, pero diseñado y armado de una manera tan atroz e irrespetuosa (¿Qué me decís de la portada?) que requiere de muchas audiciones y un profundo estudio de su contenido y el contexto histórico para encontrarle un sentido y disfrutar de todos los matices que ofrece. Se vendió lo suficiente como para convertirse en un título apreciado entre fans y consumidores ocasionales de Elvis, por la agradable sensación que genera como música de fondo en medio del armaggedon navideño. Fuera de ese contexto, al menos para mi, es una obra incompleta que me causa frustración y pena por la oportunidad perdida de crear algo duradero y sugerente, opuesto a los montones de nieve artificial que suelen rebosar esta clase de discos.

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