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    domingo, 14 de noviembre de 2021

    "ELVIS IN PERSON" (1969)

    por Mahnuel Muñoz.
    En 1969, Elvis llevaba trece años con una astilla del hostil escenario del New Frontier de Las Vegas clavada en su corazón; el Rey había cambiado el mundo, y lo había convertido en su reino. Pero Las Vegas era OTRO mundo. En el New Frontier, como en el resto de ostentosos recintos de la ciudad, la figura y el mensaje de Elvis no encajaban en ninguna parte. Las copas de champán y la joyería tintineaban al compás de la música de los Hermanos Dorsey o Liberace, y hasta de los chistes de Ronald Reagan. El rugido liberador de un ex-camionero de Mississippi, tierra de esclavos, era en todo caso una molestia para sus maduros visitantes. Escuchar la grabación de uno de los conciertos de Elvis en el New Frontier es como poco desconcertante; el único momento de su carrera en el que canta en vivo sin ovaciones cerradas y sudorosas. Cuando El Rey se convirtió en un artista adecuado para Las Vegas-o Las Vegas un lugar adecuado para el artista- habían pasado guerras, modas y kilómetros de celuloide; habían muerto ídolos y profetas; la lucha por los derechos civiles se había vuelto cada vez mas cruenta; y el hombre había llegado a la luna para arrancarle del ojo el cohete que lanzó George Mèliès. Las Vegas inicia una nueva etapa, en la que coinciden el declive de los clanes mafiosos con una tendencia aperturista hacia el público mas popular. Elvis en 1969 es una figura patrimonial americana, tan aceptado y relevante como Sinatra o Barbra Streisand. Ha demostrado su validez como entretenimiento familiar a lo largo de una treintena de películas-al margen de la calidad de las mismas-, ha reivindicado sus valores espirituales mas profundos en soberbios elepés de gospel ("His Hand In Mine", "How Great Thou Art"), ha recobrado el vínculo con sus raíces artísticas volviendo a grabar ese mismo año en Memphis y dando vida, nada menos, a dos de sus cinco mejores obras discográficas ("From Elvis In Memphis"y "Back In Memphis). Además, cuando ha tenido que ponerse ante la cámara para recordar que es el intérprete mas natural y apasionado del rock, lo ha hecho sin vacilación, dejando para la posteridad ese espléndido especial de televisión realizado en 1968 para la NBC, en el que se recogen algunos de sus cantos mas crudos y emotivos, tejidos con melodías y estrofas que no le dejarán volver a la insustancialidad de sus años en Hollywood. A la "nueva" Las Vegas peregrinarán para ver el show de Presley viejos rockeros nostálgicos y ejecutivos estresados, pin ups de maquillaje grueso, estrellas de cine, madres con familias numerosas, hippies, artistas y turistas, damas envueltas en abrigos de visón y operarios de la cadena de montaje de Chevrolet. Tras un concierto de apertura,para celebridades y adinerados,el 31 de julio de 1969, durante el mes de agosto de ese año El Rey se exorciza y saca de sí toda la rabia macerada en años de frustración; su interpretación es salvaje y orgánica, surgida directamente de la veta del Presley de los '50. "Blue Suede Shoes", "Johnny B.Goode", "Hound Dog", "My Babe" y el medley "Mystery Train/Tiger Man" se reinventan con un voltaje peligroso y una velocidad frenética, en el registro más musculoso e inflamable de la voz de Elvis, casi a modo de plantilla para los futuros punk-rockers. Cubren su espalda una nueva banda formada por curtidos veteranos del negocio que parecen haberle acompañado siempre, James Burton y John Wilkinson a las guitarras, Jerry Scheff al bajo, Ronnie Tutt en la batería, Larry Muhoberac al piano y órgano; una cama de voces provista por The Imperials, Millie Kirkham y The Sweet Inspirations, unos timbres celestiales como los que le acercaron a la música, siendo un niño, en la iglesia de Tupelo. Y una orquesta atómica, la de Bobby Morris, porque esto es Las Vegas, señoras y señores, y las máquinas tragaperras hacen mucho ruido. Elvis siempre tuvo algo que dar a todos los que pagaron su entrada para los recitales en las Vegas. Ahora sus chistes recibían el riego de las risas desde el patio de butacas; volvieron las baladas que emocionaban a los espíritus sensibles("Are You Lonesome Tonight?", "Can't Help Falling In Love") y el sonido country que estrechaba las callosas manos de los hombres y mujeres del campo ("I Can't Stop Loving You "); por añadidura, las nuevas generaciones se asombraron con un artista al que creían obsoleto y que sin embargo era capaz de entonar con credibilidad una canción protesta ("In The Ghetto"), dar vida a una vibrante oda a las grietas que los celos abren en el amor ("Suspicious Minds") o reinterpretar con respeto y maestría algún himno del momento ("Words"). Lo más importante, Elvis vuelve a sentirse creador de un material capaz de conectar con el mundo y dejar testimonio del tiempo en que vivía. Las grabadoras estaban en marcha para registrar el momento en que el Ave Fénix de Tupelo logra volver, en ese agosto del 69, al camino iniciado en el numero 706 de Union Avenue, y al igual que en aquel entonces, se provocó la colisión de dos mundos, que hasta entonces, estaban a una distancia de galaxias.

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